La curiosa historia de la Quinta de Torre Arias

La Quinta de Torre Arias es uno de los parques privilegiados de Madrid, no solo por sus espectaculares zonas verdes, sino por tratarse de uno de esos espacios polémicos, misteriosos y de historia compleja que, de vez en cuando, te sorprenden a la vuelta de la esquina.

Actualmente en estado de restauración y ubicado dentro del Barrio Salvador, lo forman más de 16 hectáreas, incluyendo un palacio con reloj parisino en su fachada, una vivienda señorial, casas de jardineros y criados, vaquería, matadero, huerta, palomar, estanques, caballerizas, invernaderos, fuentes…. Mires donde mires, encontrarás nuevas reliquias.

Esta finca ha pasado por 4 siglos de complejos y numerosos cambios de propietarios, reformas, cambios de nombre e incluso olvido, desde que el número 551 de la c/ Alcalá fuese tan solo un Camino Real.

quinta de torre arias

A pesar de sus continuadas alteraciones estructurales y añadiduras de terreno, su uso se mantuvo mayormente intacto desde sus inicios: servir como residencia de recreo con finca agropecuaria para la nobleza, colectivo que se comenzó a instalar en la villa en 1561, una vez establecida la Corte en Madrid, construyendo este tipo de quintas de recreo para su disfrute en las afueras.

Una de las zonas elegidas fue esta, que se encontraba en las afueras del, por entonces, pueblo independiente de Canillejas, de ahí su primer nombre: la “Quinta de Canillejas”, siendo posteriormente también conocida como Bedmar o Aguilar, onomásticas de los numerosos titulares que la han tenido de mano en mano desde que García de Alvarado Velasco, el primer Conde de Villamor, la inaugurase a comienzos del siglo XVII.

Sucesivos propietarios y obras de rehabilitación la fueron convirtiendo desde entonces en lo que hoy conocemos. La última gran reforma fue realizada hacia 1850, recién adquirida por el X Marqués de Bedmar que, agregando tierras de distintos propietarios, la cercó y le dio el aspecto que prácticamente ha llegado hasta nuestros días.

 

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Su última propietaria y también última habitante de la finca fue Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno Seebacher, donostiarra de nacimiento, Condesa de Torre Arias, Marquesa de Santa Marta y de Torre de Esteban Hambrán.

Recibida como donación en vida de su padre, el VII Conde de Torre Arias, en 1948 junto a otros terrenos, la Quinta ya había adquirido por entonces el apellido de sus nuevos propietarios (“La Quinta de Torre Arias”) y así se ha mantenido hasta la fecha, al igual que la parada de Metro Torre Arias, que se encuentra prácticamente en su entrada.

A pesar de la fecha de la donación, no sería hasta 1953 cuando Tatiana se trasladaría a vivir a estos terrenos junto a su marido, Julio Peláez Avendaño. Pero curiosamente no vivirían en el palacio, por su escaso mantenimiento y progresivo deterioro, sino en una casita de planta baja que mandaron construir pegada a este. Allí vivieron hasta 1977, es decir, durante 24 años.

En la fecha, la mayor parte de los terrenos de la condesa resultaba una fuente de gastos y pocos ingresos. Para solventarlo, en 1986 firma un convenio urbanístico con el por entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, un convenio que modificaba el uso de rústico a residencial y terciario de numerosos terrenos de la condesa, a cambio de una finca que se había convertido en una fuente de problemas para la pareja, la Quinta de Torre Arias. Un movimiento multimillonario que la prensa más romántica decidió considerar como un “acto de generosidad” por parte de la por entonces propietaria, pero que muchos cuestionan.

El acuerdo establecía dos condiciones más: mantener el usufructo de la Quinta de Torre Arias hasta la muerte de ambos miembros de la pareja, siendo Tatiana la responsable de su mantenimiento, y que el espacio se empleara como parque público y para servicios generales para la ciudad tras su muerte.

Curiosamente, solo 4 años antes, los herederos del arquitecto valenciano César Cort Botí, amigo personal del abuelo de Tatiana, habían hecho lo mismo con los terrenos de la Quinta de los Molinos, conocedores de la importancia que la zona estaba adquiriendo desde el punto de vista urbanístico.

 

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En 2012 y con Ana Botella como alcaldesa, Tatiana fallece y se extingue el usufructo, pues su marido había fallecido ya en 2003. Entonces el Ayuntamiento toma posesión de estos terrenos de pleno derecho y comienzan nuevos tiempos para la finca.

Algunos denominaron de “expolio” la entrega de la finca al Ayuntamiento, al desaparecer elementos patrimoniales de gran valor como la chimenea del salón principal del palacio, que misteriosamente reaparece en Cáceres, instalada por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno en el palacio de los Golfines de Abajo, un traslado que parece que nunca fue autorizado por las autoridades madrileñas.

El mantenimiento de la finca, además, era pésimo y no estaba preparada para ser abierta al público. Es decir, no se había cumplido el acuerdo de mantenimiento en vida de los condes y la restauración posterior iba a suponer un coste muy elevado para Madrid, además de una pérdida histórica en las estructuras no recuperables.

La Universidad de Navarra manifiesta entonces su interés de instalarse en la quinta para convertirla en la sede institucional de su proyecto universitario en Madrid a cambio del usufructo de los edificios históricos para la universidad y dejando el parque en régimen de uso público y de servicios a la ciudad. El 30 de julio de 2014, se aprueba así un plan en solitario que modifica el Plan General de Ordenación Urbana y tiene como objetivo la cesión de la finca a la Universidad de Navarra. El Plan Especial recoge, además, la posibilidad de demoler parte de las construcciones históricas existentes y la construcción de edificaciones modernas en su interior.

Mientras la finca continúa cerrada, nace un movimiento vecinal que reclama la apertura de Quinta de Torre Arias al público y su uso para los ciudadanos, un movimiento que recurre judicialmente el Plan Especial de 2014, que finalmente es anulado por el Tribunal Superior de Justicia y sustituido por el Plan Especial de Protección de la Quinta de Torre Arias, evitando la privatización del espacio.

Tras una prolongada etapa de abandono, comenzada mucho antes de la muerte de la condesa, y la posterior polémica recuperación para la ciudad, la Quinta de Torre Arias se abre al público parcialmente a finales de 2016 como “parque en estado de reforma”.

 

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A día de hoy, y con una historia muy ligada a los cambios políticos, la Quinta de Torre Arias se encuentra de nuevo a la espera de que se decida su siguiente uso. ¿Será una granja?, ¿será una escuela? Una historia que se construye mientras hablamos.

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