La historia de nuestra Quinta de los Molinos

quinta de los molinos

Con su entrada principal en la , la Quinta de los Molinos es uno de los principales atractivos naturales de nuestra ciudad y, desde 1997, parque histórico y bien de interés cultural.

En el Barrio Salvador estamos acostumbrados a sus numerosos caminos y escondites, pero es difícil que deje de sorprendernos aunque la recorramos a diario.

¿Conoces su historia?

El terreno originario, de unos 500 metros cuadrados, había pertenecido a varias familias de la nobleza española hasta que el VI Conde de Torre Arias, Ildefonso Pérez de Guzmán el Bueno y Gordón, pagó con ellos al arquitecto valenciano César Cort Botí el proyecto de un palacete en la c/ General Martínez Campos.

Cort, un interesante, inquieto y apasionado arquitecto y urbanólogo, fue ampliando la propiedad mediante la adquisición de diferentes parcelas colindantes hasta completar 28 hectáreas. Todo lo que hoy conocemos, es fruto de su visión: ciudad y naturaleza deben estar perfectamente integradas para no asfixiar a sus habitantes.

Así, realizó un gran ejercicio de paisajismo, creando una finca urbana con marcado carácter mediterráneo en la que plantó una gran cantidad de árboles, fundamentalmente pinos, cipreses, olivos, eucaliptos y almendros. En la época de floración, son precisamente los almendros la principal atracción del parque con sus flores rosas y blancas.

 

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El palacete de la quinta, que ahora ubica el centro cultural para jóvenes “Espacio Abierto”, es la obra más significativa de César Cort y además le sirvió de residencia. Inspirado en el estilo de secesión vienesa, constituye uno de los pocos ejemplos del modernismo austríaco de época tardía en Madrid.

Junto al palacete se encuentra la conocida como “Casa del Reloj”, actualmente cerrada y flanqueada por dos molinos traídos de EEUU cuya función era la de obtener agua para el regadío del solar. Estos molinos son los que han dado nombre a esta peculiar finca. Muy próximos a ellos, se alzan un aljibe y un estanque.

 

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Tras la muerte de Cort, los herederos llegaron a un acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid para ceder 21 hectáreas al municipio a cambio de urbanizar el resto del terreno, cesión que se materializó en 1982. La finca estuvo abandonada durante años y se realizaron irreparables talas de árboles hasta que en 1997 fue catalogada como Parque Histórico y Bien de Interés Cultural.

 

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