¿Qué va a pasar con tanto metro cuadrado empresarial post-COVID?

empresas barrio salvador

Una buena parte de la superficie de nuestro barrio está ocupada por grandes empresas. Vocento, L’Oréal, la Clínica Universitaria de Navarra,  Asisa o el Banco Santander, entre ellas.

Desde que hace ya un año la vida cambiase para siempre tras la declaración de la pandemia, en el Barrio Salvador hemos visto cómo se reducía drásticamente la vida empresarial. Más espacio para aparcar (no nos vamos a quejar), menos comensales para el menú del día… Pero, ¿qué va a pasar con tanto metro cuadrado destinado a la vida empresarial cuando todo esto pase?

Dicen los expertos que hay 2 opciones para los que todavía se resistan al trabajo 100% remoto: retornar los edificios al antiguo sistema de “cubículos” reconvertidos en puestos individuales que permitan la concentración, para competir con las ventajas de productividad que muchos trabajadores han experimentado durante prácticamente un año de teleworking, o alternativamente reconvertir los edificios en espacios que permitan “no hacer nada”, es decir, transformar el concepto de para qué voy a ir a la oficina y para qué me quedo en casa.

El mundo se reconstruye mientras hablamos pero parece que la segunda tendencia, siempre que la cultura empresarial lo vea a tiempo, será la que prime. Conceptos clave en la empresa moderna podrían ponerse en riesgo si se retorna a espacios que ya no funcionarían para prácticamente nadie. Si bien aquí las principales compañías inmobiliarias deberían ser las que muevan ficha para ofrecer una mejor oferta para las grandes empresas y evitar así que las zonas en las que confluyen estos espacios se conviertan en un futuro en zonas llenas de edificos sin uso y, por tanto, en un foco de inseguridad social.

En la calle Josefa Valcárcel 42 tenemos un ejemplo de marketing inmobiliario post-COVID en curso. Una obra de remodelación de 14 millones de euros donde se ubicaba la anterior sede del Grupo Planeta, que se postula ahora como un edificio “preparado para la era post-COVID”, con gimnasio,  jardín botánico propio, terrazas…

El enfoque de edificios capaces de responder a los nuevos retos sociales y medioambientales con espacios atractivos que fomenten el bienestar, el descanso y no la eficiencia mal concebida del antiguo despacho y los horarios imposibles, parece ser que llegará para quedarse. Veremos cuánta de esta nueva filosofía afecta a la vida laboral y al aspecto de nuestro barrio.

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