Plan de choque contra la procesionaria del pino

procesionaria

El Ayuntamiento de Madrid puso por fin ayer en marcha un plan de choque para frenar la proliferación de la procesionarias del pino que se prolongará hasta el próximo 10 de abril, algo que en el Barrio Salvador llevábamos reclamando semanas.

Este plan, dotado con un millón de euros, incluirá a cinco equipos de operarios en cada distrito, quienes se encargarán de retirar los bolsones de procesionaria de los árboles y, fundamentalmente, las orugas en el suelo para evitar su enterramiento y frenar así su ciclo de reproducción al evitar que se conviertan en mariposas y pongan huevos.

Se actuará en las zonas de pinos y cedros, con especial incidencia en zonas infantiles y estanciales y entornos de centros escolares.

En la actualidad, los trabajos que se realizan son fundamentalmente manuales y mecánicos, como la retirada de bolsones de los árboles y procesiones de orugas en el suelo. Pero, además de estas actuaciones diarias en los parques de la ciudad, el Ayuntamiento tiene un banco de pruebas en una finca situada en Fuencarral-El Pardo donde está experimentando con varios tipos de trampas, todas ellas ecológicas, para poder implantar estos sistemas en las zonas urbanas de la ciudad.

La oruga procesionaria

Las procesionarias adultas en forma de mariposas se aparean en verano. Tienen hábitos nocturnos, por lo que evitan en gran medida su depredación por las aves diurnas. Su color parduzco las hace confundirse con el medio en que viven y se hacen invisibles a sus depredadores. Salen del suelo al atardecer y se encaraman a hierbas o pequeñas ramas.

Las hembras son localizadas por los machos y se aparean al anochecer. La hembra pone sus huevos la misma noche del apareamiento, sobre las copas de los árboles. Cada puesta puede contar con hasta 300 huevos que la hembra protege mediante la colocación de escamas de su propio cuerpo. Entre 30 y 40 días después​ nacen las larvas (septiembre / octubre). En zonas frías pueden llegar a durar hasta ocho o nueve meses.

Después de eclosionar los huevos, las larvas empiezan a alimentarse de las acículas de los árboles,  produciendo su defoliación. Al principio,  el nivel de alimentación y la defoliación es moderada. Desde el primer estadio larvario, las colonias de orugas construyen conjuntamente pequeñas bolsas de seda en las partes más soleadas del árbol, para protegerse del frío invernal, a las que acuden por las noches después de alimentarse.

Las orugas desarrollan toda su vida larvaria sobre un mismo árbol y solo lo abandonan para hacer la procesión o bien para buscar un pino contiguo si han agotado la totalidad de las acículas del pino donde nacieron (esto solo ocurre en árboles de muy pequeño porte o cuando hay varias puestas sobre un árbol de no mucho porte).

A partir del tercer estadio larvario las orugas desarrollarán pelos urticantes y construyen sobre los árboles unos bolsones mucho más densos y conspicuos, en los que pasarán el invierno. En ellos pasan los periodos diurnos y salen para alimentarse al atardecer. En el quinto estadio larvario las orugas son tremendamente voraces.

Tras alimentarse durante unos 30 días, entre febrero y abril, las orugas en esta última fase larvaria descienden al suelo, en características fila india. Lo hacen así de manera que se protegen mutuamente la cabeza, que es el alimento de muchos pájaros, de esta forma quedan protegidas unas por otras.

Tras su paseo, se enrollan para no dejar ninguna cabeza al descubierto. Está comprobado que es siempre una hembra (una larva que originará un adulto hembra) la que guía la procesión. Esta busca las zonas más soleadas y cálidas, cuando se trata de zonas frías y templadas, o busca lugares más sombreados en el caso de zonas de temperaturas cálidas. La temperatura óptima del emplazamiento del enterramiento es de unos 20 °C.

Finalmente se entierran en el suelo, donde pasan a la fase de pupa o crisálida. Cada oruga teje su capullo, y pasa a la fase de prepupa, cuya duración oscila entre los 21 y 30 días en función de la temperatura. Durante esta fase se producen grandes cambios internos, que dan lugar, tras una nueva muda, a la crisálida. En estado de crisálidas y todavía enterradas sin eclosionar, son la alimentación preferida de las abubillas.

En el siguiente verano, o a lo largo de los cuatro veranos siguientes, si han permanecido en diapausa, las crisálidas hacen eclosión, y surgen las mariposas cuyo periodo de vida es muy corto (entre uno y dos días), que se aparean, comenzando de nuevo el ciclo. Es en esta última fase del ciclo donde las trampas de feromonas son efectivas.

Es aconsejable evitar acercarse a las zonas en las que existan procesionarias, especialmente con niños y mascotas.

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